A comienzos de 1799, James Atkinson inventó un bálsamo para dar forma a los bigotes y barbas de la época, cuya imagen era un oso. Pero causó furor también entre las señoras pues se le ocurrió añadirle una sutil fragancia a rosas.

Al llegar a Londres, para atraer a la clientela, adquirió un oso al que ató a la puerta de su...

                     

A comienzos de 1799, James Atkinson inventó un bálsamo para dar forma a los bigotes y barbas de la época, cuya imagen era un oso. Pero causó furor también entre las señoras pues se le ocurrió añadirle una sutil fragancia a rosas.

Al llegar a Londres, para atraer a la clientela, adquirió un oso al que ató a la puerta de su comercio (en el 44 de Gerrard Street). El reclamo funcionó y a partir de este momento Atkinsons se convirtió en un referente para la sociedad británica. Más tarde se empeñó en crear un Eau de Cologne osadamente inglés, y fue el mismísimo Rey Jorge IV su fan principal, pasando a nombrar en 1826 a James Atkinson proveedor oficial de la Corte Real de Inglaterra.

En 1832 se mudó a su icónica sede en el 44 de Old Bond Street, y creó perfumes para su flamante clientela, como el elegantísimo Beau Brummel, el primer dandy oficial que ha dado la historia, El Duque de Wellington, Lady Hamilton, El almirante Nelson…

Doscientos años después, en Atkinsons se han atrevido a despertar al oso que parecía haberse retirado a hibernar, decididos a dar rienda suelta a casi dos siglos de excentricidad, y elegancia a la inglesa, amparádose en el incomparable patrimonio de esta firma de perfumes, para abrir paso a una nueva era de esnobismo en la perfumería.

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